Terapias de futuro con animales

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PERROS PARA AYUDA DE DISCAPACITADOS

Un ayudante para los discapacitados

Los perros de asistencia fomentan la integración social y laboral de las personas minusválidas ■ Las asociaciones intentan crear una legislación que equipare a estos canes con los que ayudan a los ciegos José D. Rocamora (AEPA)

MADRID- «Raysa no sólo me ha aportado ayuda física, también ha significado una integración social y, lo que es más importante, a través de ella he conseguido una integración laboral». Estas son las palabras de Agustín González, con una discapacidad superior al 65 por ciento, vive en una silla de ruedas. Raysa es la sombra que le acompaña a todas partes, pendiente siempre de prestarle la ayuda que necesita. Lo peculiar es que Raysa es un bulldog: el perro de asistencia de Agustín. Al igual que los perros guía son los ojos de un ciego, los perros de asistencia son un importante apoyo psicológico para los discapacitados, además de una importante ayuda para la inserción social y laboral de estas personas: «Tú vas por la calle con un perro y tienes la capacidad de relacionarte con personas que, de lo contrario, nunca conocerías». Pese a que en países de Estados Unidos y Europa las asociaciones de perros de asistencia ya llevan algunos años funcionando, en España todavía no se han consolidado y siguen sin contar con profesionales con gran experiencia en el adiestramiento de este tipo de perros. Por ello, para fomentar esta labor, Pfi zer, la Fundación Adecco y la Asociación Española de Perros de Asistencia han presentado esta semana un proyecto común que consiste en una dotación económica para la preparación de tres perros de asistencia que serán entregados a personas con discapacidad. Los perros están entrenados para abrir un cajón, acercar objetos, ayudar a quitar la ropa a sus dueños… Acciones cotidianas que para un discapacitado, en ocasiones, se convierten en una auténtica odisea. Belén Fernández, presidenta de AEPA en Madrid, nos cuenta que este adiestramiento se lleva a cabo de manera individualizada para adaptar al animal a las necesidades de cada persona. Uno de los casos que han tenido es el de una mujer con distrofi a muscular que vivía atemorizada por el miedo a quedarse encerrada en su casa. Sólo podía mover el joystick de su silla de ruedas, de ahí la difi cultad para abrir una puerta. AEPA le ofreció un perro de asistencia preparado para abrir y cerrar puertas que no sólo dio tranquilidad a esta ciudadana, sino también, más autonomía. El proceso de adiestramiento de estos perros, que dura alrededor de seis meses, se divide en tres etapas: una primera de socialización, seguida de una fase de obediencia y, finalmente, la enseñanza de habilidades específi cas. «La recompensa al animal es un factor importante en el proceso de aprendizaje. El castigo nunca es Raysa ayuda a Agustín a quitarse la chaqueta Jesús G. Feria favorable puesto, que no ayuda a crear un vínculo de confianza entre la persona y el animal», cuenta Fernández. Cambio de la legislación A diferencia de lo que ocurre con los perros de guía, los perros de asistencia no tienen permitido el acceso a lugares públicos. Sólo en Galicia, País Vasco, la Comunidad Valenciana y Castilla y León hay una legislación que equipara a los perros de asistencia con los perros guía. Belén Fernández explica que, hasta el momento, se solicitan licencias a nivel municipal, pero están trabajando por lograr una legislación nacional. Estos perros son fundamentales para el día a día de los discapacitados. Son algo más que una mascota. Son, sin dudarlo, el mejor amigo del hombre. Están entrenados para abrir un cajón, acercar objetos, abrir la puerta o encender la luz Estos animales sólo tienen el libre acceso a lugares públicos en cuatro comunidades Mía cobija a la pequeña Dana mientras ésta duerme Mía, una hembra de bulldog inglés se sentía muy sóla en casa, porque sus dueños pasaban muchas horas fuera. Por este motivo su dueña, Macarena Carmona, decidió buscarle una amiga, Dana. Cuando la pequeña llegó a casa, Mía se mostró un poco extrañada, pero desde el primer momento se hicieron inseparables. «No se pueden separar ni un segundo», afi rma Macarena. De hecho, la foto la tomó al día siguiente de la llegada de Dana. Aunque son unos animales muy buenos, su dueña reconoce que Mía, de año y medio, es más nerviosa, mientras que Dana, aunque le sigue el juego, al ser todavía un cachorro parece más tranquila. «A Mía no le gusta que Dana coja sus juguetes», confi esa Macarena, sin embargo, cuando Dana ignora los juguetes es Mía la encargada de acercárselos para que juegue. A esta peculiar pareja de canes, no les gusta estar a solas, de hecho más de una vez han detrozado zapatillas e incluso se han comidos «las paredes», y no por falta de calcio. 34 • Sociedad Sábado. 26 de abril de 2008 • LA RAZÓN

 

 

junio 9, 2008 - Posted by | Uncategorized

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